Compartiendo ecos  de la 8va semana teológica CER

Agradecida por esta oportunidad de participar de estos días de formación quiero compartir algunos aspectos que fueron muy significativos para mi vida y que nos pueden ayudar en la misión confiada:

Educación y misericordia

La primera mirada de un religioso o religiosa educadora no es a la tarea a realizar, sino Quién me envía, ser enviado no es un título ganado sino una iniciativa de Dios, gratuita, con la que voluntariamente me identifico.

Un educador/a debe ser capaz de estrechar lazos entre Jesús y la escuela. La escuela es el lugar de teofanía, es en ella donde se revela Dios, en los patios, en las aulas de clase, en el diálogo y escucha cercana con los niños, jóvenes y familias.

 Cada día un educador es invitado a descalzase para entrar en el aula, porque pisa tierra sagrada. San José de Calasanz, en el siglo XVI luego de despedir a los niños, se inclinaba y besaba el piso utilizado por los niños porque consideraba, eran sacramento del mismo Cristo.

 La vida de un religioso o religiosa Educador/a es un asunto de Amor, de un Amor que pregunta todos los días en la mirada de un niño o en el silencio y apatía del adolescente: “¿Es verdad que me quieres?”. De un amor siempre renovado en el bullicio de los patios, en el diálogo que se propicia en las aulas o en el silencio del oratorio y que es capaz de responder: “Sí Señor, tú sabes que te amo”.

 La escuela es el lugar de hablar y vivirle a Dios a veces con palabras, a veces sin ellas pero que sea de Dios, de eso se trata. Ser maestros testigos de Alguien, de Dios, San José de Calasanz decía: “Cuando quieran conseguir algo con los niños llévenlos al oratorio y Dios nunca les negará nada”.

La gran educadora Gabriela Mistral, quien expresaba que la educación es tal vez, la forma más alta de buscar a Dios y nosotros religiosos y religiosas educadores decimos que esta es la mejor manera de servir a Dios.

Salud y misericordia

Mejorar la salud es una práctica de cercanía y encuentro entre los profesionales. Es dar el corazón a los más vulnerables, es abrir nuestro corazón, nuestra humanidad. Es aprender a acoger, ayudar a vivir bien, es decir ser vehículo real de la misericordia de Dios.

Ser un profesional de la salud implica agacharse sobre el sufrimiento del otro para ayudarle solidariamente. Implica estar preparado para intervenir, asistir, acompañar y celebrar bien cada momento de la vida hasta el final. Un profesional de la salud tiene como misión especial ayudar a VIVIR BIEN, es decir tú importas por ser tú.

“Un religioso/a debe ser un eternamente insatisfecho, testigo y profeta”

Hna. Flavia Abad

 

 


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